Para formar parte de este ministerio se requiere de personas que han tenido un encuentro con Jesucristo, y deseen responder al llamado que Él les hace consagrando sus voces e instrumentos para alabar a Dios, guiados por el Espíritu Santo.
La alabanza se preocupa de quién es Dios y lo que ha hecho. Enfoca a su carácter incomparable y los actos maravillosos que ha hecho a favor de sus hijos. Cuando Dios hace algo glorioso por nosotros, nos encanta elevarle sus alabanzas. Sin embargo, la alabanza no es sólo la reacción de agradecimiento de ellos a su provisión; la alabanza es también muy apropiada aun cuando no se tenga un regalo particular de Dios en mente. Él es digno de alabanza simplemente por ser quién es.